sábado, 31 de agosto de 2013

Como la vida misma

Hoy creo un nuevo blog, básicamente porque lo que realmente quiero escribir, o sobre lo que quiero escribir, es el fútbol. No nimiedades o discusiones vacías sobre que equipo es mejor que el otro, cual tiene más copas, mejor estadio, camisetas, etc. Sino hablar de como el fútbol ha cambiado mi vida, mi sentido en ella y las emociones que me produce. Para empezar, el blog se llama así porque todos los domingos mi abuelo (En paz descanse) me llevaba a una plaza en Independencia a jugar, aún no con el sueño de ser el próximo Zamorano o Salas; me llevaba con el sueño de que descubriese lo hermoso que es este deporte, y ciertamente lo logró. Gracias a estas salidas los domingos a mi estadio ficticio fui alimentando un sueño al ver correr la pelota entre mi abuelo y yo. Sí, quería ser futbolista. Aún lo quiero en realidad, pero muchas situaciones han truncado mi camino al éxito; lesiones, desmotivaciones, falta de recursos, y tal vez lo más importante: no tenía quien me apoyase luego que mi abuelo falleciera. En fin, no hay porqué llorar sobre la leche derramada. Hoy por hoy juego en la selección de mi colegio, no soy malo pero tampoco bueno pese a que muchos me dicen que si lo soy, me considero alguien que juega el fútbol con pasión y traspasa eso a los demás que juegan conmigo. Es una especie de motivación el tener una pelota en los pies y pegarle al arco, hacer un gol o gritarlo es la mejor terapia que cualquier psicólogo pueda recomendar; es curioso que cuando en el colegio alguien del equipo hace un gol soy el único que lo grita, ni siquiera el autor material lo celebra tanto como yo. El fútbol se vive, se grita, se sufre, emociona, te hace llorar, reír, crea amistades y termina otras. El fútbol es básicamente como la vida misma.