martes, 8 de abril de 2014

No hay más

Bueno, casi tan rápido como las palabras; las entradas para este Domingo se esfumaron. Sí, hoy, Martes 8 de Abril; 36.000 tickets se agotaron en cuestión de horas. Con un servicio mediocre y mal organizado se encargaron de reírse en la cara de muchos hinchas que estuvieron desde las 8 esperando un ticket, y me incluyo; y que aún así se quedaron sin uno, me vuelvo a incluir.

No vengo a alardear de cuanto estuve presente en la campaña o en el estadio, pero por lo menos tengo la conciencia limpia. Yo estuve en el Santa Laura hace 2 años, a las 12 del día con casi 30 grados de calor y en una galería norte semi vacía, que más encima se dio la patudés de gritarle a un equipo que perdía 2-1: '' Que se vayan todos, que no quede ni uno solo. ''. Paredes, nuestro capitán marcó el 2-2 y se encargó de acallar a esos pseudo hinchas; a la postre perdimos 4-2 aquel partido. ¿Por qué lo nombro?, el torneo siguiente Colo-Colo entró en la post temporada puntero, con serias aspiraciones a una estrella más que esquiva y mostrando un fútbol que hace rato no se veía de la mano de Omar Labruna. La cosa es que nos tocaba con los hispanos, y el encuentro de ida fue precisamente en ese Santa Laura que la temporada pasada vio la galería norte semi vacía e insultando a sus jugadores. Hoy era distinto, estaba lleno, repleto. 5500 hinchas llenaron la galería y los espacios aledaños para presenciar un partido complicado pero no imposible de ganar, gracias al alza futbolística del equipo los últimos partidos de la temporada regular que terminó con un 5-1 a Audax que presencié desde la galería Galvarino.

El partido empezó como queríamos, no como esperabamos. Chapita marcó un golazo tras un error en la zaga hispana, de esos que saca una a las mil colgándola al ángulo superior derecho de Lobos. 0-1, la visita sorprendía a un cuadro que llegaría a la final esa temporada. En el segundo tiempo, como la canción, todo se derrumbó: Emilio Hernandez marca el empate con un tiro cruzado, palo y adentro. Jaime desnivela a favor de Unión con un zapatazo de borde interno al palo contrario de Prieto. 2-1. Y para colmo de males Rubio, al último minuto, tras un error en la defensa colo colina anota el 3-1. Se nos complicaba la vida, ¿y que pasó?. Aquel himno que resonó en mis oídos una y tantas veces en el Monumental, se hacía presente. La '' hinchada '' pedía la cabeza de jugadores y cuerpo técnico. '' Que se vayan todos, que no quede ni uno solo. '' se escuchaba más fuerte que nada en el reducto de Independencia. Yo perplejo y enfrascandome con varios personajes que abandonaban las tribunas antes del pitazo final buscaba una explicación. No al resultado, no al juego del equipo, sino a esta hinchada. Bipolar como pocas, y me da pena aceptarlo; quizás no falla en cuanto a asistencia pero si a fidelidad. Nunca he visto a un hincha de Unión, de Palestino, de Cobreloa, de Huachipato insultar a sus jugadores como lo hace uno de Colo-Colo y me hago responsable de lo que digo -escribo en este caso- porque lo he visto, porque me ha tocado muchas veces.

A que va todo esto, a que me quedé sin entrada porque quizás ese grupo que pedía que se fueran todos los jugadores que hoy nos tienen arriba, se acordaron que eran hinchas de Colo-Colo. Porque esos que insultaban a todo el equipo bajo el mando de Benitez y Tapia, se olvidaron de aquello y se dieron el privilegio de asistir al último partido. Porque sí, porque seremos campeones. Lo digo con la misma seguridad que le dije a Lucas -Amigo hispano, hincha acérrimo y amante del fútbol- que ganaríamos el super clásico este 2014. Es imposible, es macabro pensar que perderemos los 3 partidos siguientes. Lo digo sin ánimo de desearle lo malo a mi equipo pero ojalá gane Católica y Colo-Colo empate para que se aplace una fecha más el campeonato y todos esos súper hinchas queden sin plata y con cuello, porque lo merecen. Sino, celebraré el campeonato, porque también lo merezco. Porque tengo la conciencia limpia. Y porque aquel día en el Monumental el 2011, cuando jugamos contra Unión San Felipe, cuando íbamos 1-2 abajo y escuché por primera vez en el estadio aquel cántico merecedor de todo mi odio, me quedé callado.